Buenos Aires se ha convertido en un paraíso de hiperconsumo, un sitio extraordinario para que cada persona haga de su tarjeta de crédito la plástica prisión que encierra los días de abulia que esos artefactos vienen a entretener.
Llega un momento en que -a pesar de haber luchado para que la gente consuma- la cosa te aburre, porque evidentemente cuando consumís estupideces en cómodas cuotas llegas al triste momento espiritual en que tenés que preguntarte si habrá vida antes de la muerte.
El WII te aburrirá, incluso aunque lo renueves.
Al auto se le pudrirá la chapa, aunque lo aceites con el Oleo de Samuel.
El blackberry se va a poner viejo igual,aunque le cambies la funda.
Solo seres idiotizados por la vida confortable y la ausencia de desafíos pueden participar de esa farsa bancaria y darle aire poniendo sus cuerpos torturados por la falta de gym en la trituradora publicitaria, como si la falta de gym fuera el problema y no que los que te instalan la idea de que la falta de gym es el problema, son el problema.
Si los que te invitan a consumir en 245 cuotas te dicen que esto es el ingreso al confort y a un estilo de vida mas refinado, vos deciles que en el futuro el peronismo nos librara de esa lacra y las cosas verdaderamente confortables que se exponen en Garbarino se conseguirán gratis con la fuerza de lo persuasivo.
Y que se las pague mongo.




























